domingo, 8 de diciembre de 2019

Actividad física, neurotransmisores y hormonas

Actividad física, neurotransmisores y hormonas.

Índice
1. Los principales neurotransmisores y las hormonas relacionadas con la práctica motriz y la capacidad de aprendizaje
2. Las endorfinas
3. La serotonina
4. La oxitocina
5. La dopamina
6. La adrenalina y la noradrenalina
7. Los glucocorticoides


Mientras realizamos actividad física no solo sabemos que aumenta la capilarización y el flujo sanguíneo a nivel cerebral, aportando oxígeno y glucosa adicional al cerebro, facilitando así su óptimo funcionamiento, sino que genera una respuesta hormonal y de determinadas hormonas y neurotransmisores, como las endorfinas (hormona relacionada con la alegría, el bienestar y la tranquilidad), serotonina (relacionada con el estado de ánimo, la digestión y el sueño), oxitocina (hormona de las relaciones sociales y el vínculo), noradrenalina (hormona que puede moderar la respuesta del cerebro al estrés), la dopamina (hormona de la recompensa), que son compuestos químicos que desarrollan un papel muy importante en los procesos atencionales y en general, en el proceso de enseñanza-aprendizaje.


1. Los principales neurotransmisores y las hormonas relacionadas con la práctica motriz y la capacidad de aprendizaje.

Mientras realizamos actividad física, no solo sabemos que aumenta la oxigenación en el cerebro y se crean nuevas neuronas y sinapsis, sino que además también se liberan una cantidad importante de sustancias que inciden, directa e indirectamente, en los procesos de aprendizaje y memoria. El primer grupo importante de sustancias que aumenta con la práctica de actividad física, son los factores neurotróficos.

El segundo grupo importante de sustancias que aumenta con la práctica de actividad física son los neurotransmisores y las hormonas, tales como las serotonina, oxitocina o dopamina, entre otros, que poseen un papel protagonista en el aprendizaje, modulando los procesos cognitivos como la memoria, entre ortos (Figura 1).
Figura 1. Liberación de neurotransmisores de un ser humano mientras corre.

¿Qué son los neurotransmisores, las hormonas y para qué sirven?

Un neurotransmisor es una biomolécula que permite la transmisión de información entre neuronas a través de la sinapsis.

Por su parte, las hormonas son sustancias liberadas por una célula para actuar sobre otra, tanto cercana como lejana, e independientemente de la singularidad o ubicuidad de su origen y sin tener en cuenta la vía utilizada para su transporte, sea circulación sanguínea, flujo axoplasmático o espacio intersticial. La función principal de las hormonas es influir en la función de otras células. La principal diferencia entre neurotransmisores y hormonas es que cuando se libera un neurotransmisor solo se comunica con una neurona inmediata, mediante la sinapsis. En cambio una hormona se comunica con otra célula sin importar lo lejos que esté, viajando a través del torrente sanguíneo.

Los neurotransmisores y las hormonas que se liberan en aquellas áreas cerebrales encargadas de las funciones cognitivas del cerebro o en las emociones, contribuyen a mejorar el aprendizaje, dado que la cognición y la emoción no pueden separarse. Parafraseando a Francisco Mora “sin emoción no hay aprendizaje, el cerebro sólo aprende si hay emoción”. La clave no está en fomentar las emociones en el aula, sino en enseñar con emoción. Por eso, un “profesor excelente es capaz de convertir cualquier concepto, incluso de apariencia sosa, en algo interesante1. Aprender y memorizar en su esencia más pura, significa hacer asociaciones de eventos y experiencias que producen cambios en las neuronas y sus contactos con otras neuronas en redes que se extienden a lo largo de muchas áreas del cerebro.

La actividad física conlleva inherentemente una activación de nuestro sistema nervioso. Esta activación está sustentada por una serie de neurotransmisores que nos permiten un estado de alerta positivo y absolutamente adaptativo, del que se ha podido comprobar que facilita el aprendizaje y la formación de la memoria.

2. Las endorfinas.

Como en cualquier otra parte del cuerpo, mientras realizamos actividad física aumenta la capilarización y el flujo sanguíneo a nivel cerebral, aportando oxígeno y glucosa adicional al cerebro, facilitando así su óptimo funcionamiento. También sabemos que la actividad física favorece la liberación de endorfinas, hormonas que producen sensación de felicidad y euforia.
Las endorfinas son neurotransmisores producidos por la glándula pituitaria (sistema nervioso central) de forma natural. Son las encargadas de producir sensaciones de bienestar, ya que combaten el malestar y disminuyen las sensaciones dolorosas. Actúan como analgésicos, lo que significa que disminuyen la percepción del dolor. También actúan como sedantes. Bisquerra2 llama a las endorfinas “analgésicos naturales”, y es que pueden llegar a ser hasta veinte veces más efectivos que los medicamentaos contra el dolor. Además de ser inhibidores del dolor, las endorfinas actúan en el cerebro produciendo experiencias subjetivas como sensación de bienestar, disminución de la ansiedad, mejora de la autoestima y estado de ánimo, provocando un efecto de placer y relajación. Los estudios han demostrado que incluso pueden aliviar los síntomas de una depresión.

Figura 2. Liberación de endorfinas mientras se practica actividad física. Imagen extraída de: https://www.lavidalucida.com/endorfinas-la-medicina-interior.html

Cuando ejercitamos nuestro cuerpo, nuestro corazón se acelera y aumenta la temperatura corporal. A causa de este esfuerzo y para disminuir la fatiga muscular, la hipófisis aumenta la producción de enforfinas.

Estos opiáceos endógenos acompañan siempre a la realización de actividad física y están presentes también en los procesos afectivos de las emociones positivas. De ahí también la importancia de hacer actividad física en ambientes positivos y agradables como puede ser durante una clase de Educación Física bien organizada, estructurada y adecuada a la diversidad del alumnado.

Tal como sugiere Daniel Goleman en su libro “Focus3, los circuitos cerebrales de recompensa, ricos en dopamina (neurotransmisor relacionado con la motivación que estudiaremos a continuación), movilizan los sentimientos positivos para esforzarnos en el logro de nuestros objetivos y deseos. Esto se combina con los opiáceos endógenos cerebrales entre los que destacan las endorfinas. Si la dopamina aumenta la motivación y alienta la perseverancia, los opiáceos le agregan una sensación placentera3. Ambas sustancias son liberadas mientras realizamos actividad física.

Por tanto, las endorfinas están presentes en el sistema de recompensa del cerebro. Entre otras muchas funciones, nos facilitan una sensación subjetiva de bienestar, nos hace sentir bien y felices. Este neurotransmisor provoca una sensación positiva en el cuerpo similar a la de la morfina, de ahí la sensación de “euforia” que suele describirse tras una carrera, sesión de baile o entrenamiento físico. ¿Quién no ha sentido alguna vez el conocido estado de euforia  o “subidón” tras correr durante un tiempo, llegar a la meta en una carrera o a la cima de una montaña tras una larga caminata o tras finalizar una jornada de pedaleo en bicicleta? Este sentimiento suele ir acompañado además, de una actitud positiva y llena de energía. Muchas personas suelen utilizar este recurso de ir a correr un rato o practicar algo de ejercicio físico cuando se notan tensos, negativos o tras una discusión con sus parejas. Sin lugar a dudas, esta es una de las mejores decisiones que podemos tomar si deseamos revertir la sensación o actitud negativa de esa situación.

Es fácil deducir que un estudiante con sensación de bienestar, feliz y con una actitud positiva rendirá más que uno que no cuente con estos estados de ánimo. Sabemos que la actividad física es fuente de emociones positivas y favorece la liberación de endorfinas. En esta línea, investigaciones recientes han puesto de manifiesto como bajo el efecto de emociones positivas, nuestra organización cognitiva nos permite pensar de forma más flexible, creativa y eficiente. Encontramos más soluciones a un mismo problema y pensamos de forma más abierta. En definitiva, resolvemos mejor los problemas que se nos puedan platear, ya sean académicos o de la vida cotidiana. En estudiantes, se ha podido constatar como aquellos que disfrutan de esta organización cognitiva, con el tiempo desarrollan una serie de recursos que les hacen más persistentes al fracaso y les anima a emprender retos, esto es, les ayuda a desarrollar la capacidad de resiliencia o capacidad para adaptarse positivamente a situaciones adversas.

En resumen, la actividad física favorece la liberación de endorfinas, las cuales aumentan nuestra sensación de alegría, bienestar y tranquilidad, lo que provoca un impacto directo en la organización cognitiva de nuestro cerebro hacia una predisposición positiva. Algo tremendamente importante en la actualidad, donde cada vez más encontramos discentes “apagados” y poco participativos en nuestras aulas.

3. La serotonina.

La serotonina, también conocida como 5-HT, actúa tanto en el cerebro como fuera de este. En la sangre se comporta como una hormona y en el cerebro actúa como neurotransmisor. Esta sustancia puede ser encontrada en grandes cantidades por muchas partes del cuerpo, y por lo tanto un desajuste general en la producción de serotonina puede tener efectos drásticos sobre varios factores que afectan a nuestra manera de sentir y comportarnos. De hecho, la escasez de serotonina puede provocar en personas, cambios de humor y personalidad, insomnio, agresividad y anomalías en el razonamiento. Concretamente, esta hormona ha estado asociada durante muchos años a los síntomas de la depresión, ya que las personas con un trastorno de este tipo acostumbran a tener bajas concentraciones de 5-HT en sangre. Sin embargo, no se sabe hasta qué punto es el déficit de serotonina lo que produce la depresión o viceversa. Por el contrario, se sabe que los altos niveles de serotonina aumentan los sentimientos de calma y bienestar, mejoran el estado de ánimo y los patrones de sueño, aumentan la tolerancia al dolor y reducen los antojos de comida4.

Entre otras funciones, la serotonina sirve para regular la digestión. De hecho, las mayores concentraciones de serotonina no están en el cerebro sino en el tracto gastrointestinal, influyendo sobre la aparición (o ausencia) del apetito. Grosso modo, los alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 modulan el efecto de la serotonina (también de la dopamina y noradrenalina). Los alimentos ricos en vitamina B12, B6 y ácido fólico participan en el proceso de metilación referido a la producción de muchos neurotransmisores, entre otros la serotonina5.

La serotonina sirve también para estabilizar el estado emocional del ser humano ante situaciones de tensión. Concretamente, sirve para inhibir la agresividad y las conductas violentas que pueden derivarse de ella. Así pues, las personas más impulsivas y violentas tienden a tener menos niveles de serotonina actuando sobre puntos clave del cerebro que aquellas que son más pacíficas.

Además de favorecer la producción de serotonina la ingesta de alimentos ricos en omega-3, así como los carbohidratos complejos (los carbohidratos simples como pan blanco, arroz blanco, pasta normal, pasteles, dulces y otros productos con azúcar refinado no lo hacen), este neurotransmisor también es liberado con la realización de ciertas actividades como recibir un masaje, revivir momentos felices, actividades que potencian la relajación (antiestrés) como el mindfullness, Yoga, Pilates, meditación, ejercicios de respiración profunda o cualquier tipo de actividad física. Se ha visto como la actividad física produce calma, control de uno mismo, adaptabilidad y humor estable6, por tanto, favorece la liberación de serotonina. Se sabe que cuando nuestros músculos trabajan, liberan ácidos grasos a la sangre, que en acción conjunta con el triptófano (aminoácido esencial) incitan la producción de serotonina, la cual, es estimulada por el incremento de BDNF, secretado al movernos7.

Desde una perspectiva neuroeducativa, sabemos también que el feedback positivo libera serotonina en el cerebro, reforzando la sensación de calma y felicidad. De ahí la gran importancia de suministrar este tipo de feedback a nuestros escolares. De hecho, el feedback es una de las maneras más importantes de ayudar a que el cerebro de los adolescentes se convierta en un sistema de aprendizaje eficaz8.
En resumen, la serotonina se relaciona con el estado de ánimo, la digestión y el sueño.

4. La oxitocina.

La oxitocina es una hormona y neuropéptido involucrado en la formación de relaciones de confianza y generosidad, al que también se es muy sensible en la adolescencia, lo que hace tan gratificante las relaciones sociales en esta edad6. Las relaciones sociales en la adolescencia son primordiales y muy gratificantes, lo que justifica la necesidad del adolescente por relacionarse con compañeros de su misma edad. El llamado “cerebro social”, que engloba regiones cerebrales que intervienen en lo afectivo y cognitivo en relación a los demás, sigue desarrollándose durante la adolescencia.
Una forma sencilla de generar oxitocina en nuestros alumnos es recibiéndoles en la puerta de nuestra aula o antes de entrar a la pista polideportiva, dándoles la mano a todos y preguntándoles por su estado de ánimo. Una simple palmada en la espalda con la pregunta ¿cómo te sientes? puede hacer que los alumnos comiencen a liberar oxitocina, con lo que el clima del aula y la predisposición será más atrayente y positiva.
Dado que esta hormona regula las áreas responsables de las habilidades sociales, también podría servir para tratar deficiencias en niños con trastorno del espectro autista (Síndrome de Asperger, Autismo y Trastorno del desarrollo no específico).

5. La dopamina.

Las neuronas dopaminérgicas (como su propio nombre indica) gestionan la producción de dopamina jugando un papel substancial en la motivación o “acción de moverse hacia” (del latín motivus, que significa “moverse hacia”, y del sufijo “ción” que indica acción.

En los adolescentes existe una sensibilidad muy grande del cerebro a la dopamina, neurotransmisor cerebral que desempeña un papel fundamental en el control de la atención o la cognición y que activa los circuitos de gratificación. Esto explica que los adolescentes den más importancia a la recompensa que a los riesgos en la búsqueda de lo novedoso.
La dopamina es otro beneficioso neurotransmisor que se produce con la actividad física. Como ya decíamos se relaciona con la motivación, pero también ha sido relacionado con el buen humor, provocando una mayor perseverancia para conseguir un reto, un objetivo o una meta. Es conocida como la hormona de la recompensa, lo que nos hace volver a repetir un comportamiento. Por ejemplo, cuando comemos al tener la sensación de hambre o cuando logramos un objetivo tras correr un riesgo. Si el objetivo es educativo y conseguimos generar más dopamina en nuestros discentes a través de la actividad físico-deportiva o jugando, podríamos conseguir que aumentara la motivación del alumnado y por tanto la atención en el aula; en definitiva su rendimiento académico. Sabemos también que mientras se juega, al igual que sucede cuando se realiza ejercicio físico, también se libera dopamina debido a la incertidumbre y posterior recompensa cerebral, favoreciendo con ello la transmisión de información entre el hipocampo y la corteza prefrontal, promoviendo así la memoria. Por tanto, si unimos actividad física y juego, es decir Educación Física, estos efectos se ven favorecidos.

El juego y la actividad física genera sinergias entre el sistema dompaminérgico mesolímbico (pasión) y mesocortical (práctica y perseverancia), junto con la serotonina y endorfinas (personalidad) así como con la oxitocina (propósito). Lo importante es la conexión del todo.

El uso de metodologías activas en la enseñanza, favorece la motivación en el alumnado y, por tanto, todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Necesitamos crear “combustiones” para encender el “fuego de la motivación” en el alumnado. Ello lo podemos conseguir incorporando contenidos novedosos en nuestras clases o incorporando “chispazos de motivación e innovación educativa”. Visualizar un vídeo impactante, invitar a una persona externa a dar una charla, desarrollar una sesión puntual mediante las reglas de un juego, organizar un juego de pistas por el centro a modo de carrera de orientación, iniciar la sesión con un truco de magia, una frase impactante, una actividad, reto o challenge viral que esté de moda en ese momento, pueden servirnos de ejemplo para encender ese “chispazo” de motivación, generar dopamina en el cerebro y captar la atención de nuestro alumnado sin necesidad de pedírsela. ¿Cuántas veces hemos pedido que nos presten atención porque lo que vamos a explicar es muy importante, sin conseguirlo?



6. La adrenalina y la noradrenalina.

Tanto la adrenalina (epinefrina), como la noradrenalina (norepinefrina), actúan como hormonas y neurotransmisores.

La adrenalina es una hormona vasoactiva secretada por las glándulas suprarrenales bajo situaciones de alerta o emergencia. La formación de esta hormona se realiza a partir de la noradrenalina, utilizando la ruta común que usan todas las catecolaminas, como dopamina, L-dopa, noradrenalina y adrenalina. Su biosíntesis se encuentra exclusivamente controlada por el Sistema Nervioso Central.

La noradrenalina, por su parte, es comúnmente conocida como la hormona del estrés, afecta partes del cerebro tales como la amígdala cerebral, donde la atención y respuestas son controladas. Junto con la adrenalina, la noradrenalina también subyace la reacción de lucha o huida, incrementando directamente la frecuencia cardiaca, desencadenando la liberación de glucosa de las reservas de energía e incrementando el flujo sanguíneo hacia el músculo esquelético. Desde un punto de vista fisiológico, dada la relación de estas hormonas con nuestro sistema de alerta, lucha y huida, predispone al organismo para estas situaciones esenciales para la supervivencia en nuestros antepasados. Esto es, provoca aumentos en la concentración de glucosa en sangre, aumenta la tensión arterial, aumenta el ritmo cardíaco, dilata la pupila para tener una mejor visión, aumenta la respiración e incrementa el suministro de oxígeno al cerebro. Por tanto, si favorece la oxigenación del cerebro, favorecerá también todas las funciones cognitivas del mismo.

Se dice que ante situaciones de alerta o emergencia, secretamos adrenalina. Por suerte, en la actualidad, estas situaciones pueden no ser habituales, pero si podemos provocarlas mediante actividades controladas. Por ejemplo, mediante la práctica de actividad física o deportes de riesgo o aventura. Es común escuchar a usuarios de estos deportes decir que tras su práctica experimentan una sensación de bienestar y euforia gracias a la liberación de adrenalina. Pero no solo los deportes comúnmente denominados como “de aventura” liberan esta hormona, sino que cualquier actividad física favorece la secreción de esta sustancia. No obstante, cuanto más esfuerzo físico y riesgo requiera dicha actividad, parece ser que los niveles de adrenalina incrementan exponencialmente.

La adrenalina actúa especialmente sobre el músculo, el tejido adiposo y el hígado. Puede secretarse en pocos segundos, su efectividad se puede dar entre uno y tres minutos y puede aumentar el metabolismo normal del cuerpo hasta un cien por ciento. Son tantos los beneficios de esta hormona en nuestro organismo, que hoy día se utiliza a través de inyecciones, para tratar reacciones alérgicas potencialmente mortales causadas por las mordeduras de insectos, alimentos, medicamentos, látex y causas de otro tipo. También se están realizando experimentos con esta hormona para el tratamiento del cáncer y reducir su sintomatología. Para tratar de comprender mejor la manera en que el ejercicio físico puede aumentar la inflamación (entre otros, por la liberación de adrenalina) y, al mismo tiempo, proteger al cuerpo contra el cáncer, un grupo de científicos de la Universidad de Copenhague decidieron examinar de cerca lo que sucede en el cuerpo de los ratones con un elevado riesgo de padecerlo. Lo que encontraron fue que cuando los ratones con altos niveles de adrenalina, bien por correr o por una inyección, combatían sus tumores de mejor manera que otros ratones en reposo, incluso llegaban a vencerla (curarse del todo)9. Estos hallazgos son de gran importancia y muy esperanzadores para el estudio y la cura del cáncer en seres humanos10.

Sabemos que cuando estamos distraídos los niveles de noradrenalina suelen ser bajos. Por el contrario, en situaciones emocionales o de estrés moderado como puede ser realizando actividad física en una clase de Educación Física donde el alumnado debe superar unos retos en grupo, conseguir puntos, evitar ser capturado o eliminado de un juego de persecución (simulación de situaciones de alerta o emergencia), la activación de estructuras cerebrales como la amígdala y la liberación en la sangre de hormonas como la adrenalina pueden contribuir a la facilitación del aprendizaje y la memoria, actuando directa o indirectamente sobre los circuitos neuronales del cerebro, mejorando así las funciones ejecutivas del cerebro.

7. Los glucocorticoides.

Los glucocorticoides son hormonas de la familia de los corticosteroides que participan en la regulación del metabolismo de carbohidratos favoreciendo la gluconeogénesis y la glucogenólisis; poseen además actividad inmunosupresora. Su acción reguladora se extiende también al metabolismo intermedio de grasas y proteínas. Los glucocorticoides se producen principalmente en la corteza suprarrenal de los seres humanos y son el cortisol, la cortisona y la corticosterona. El cortisol es el glucocorticoide más importante en el ser humano.

Uno de los factores más interesantes relacionados con la producción de cortisol es el estatus social. La dominancia ha sido especialmente estudiada en las interacciones sociales en primates observándose niveles más altos de glucocorticoides en los miembros subordinados de una manada al ser comparados con los rangos superiores. Estas concentraciones elevadas se relacionaban con una mayor probabilidad de inhibición de las conductas exploratorias, exponiendo con mayor frecuencia a los primates subordinados a enfermedades y situaciones de exclusión social (por ejemplo, relaciones abusivas, parasitación por falta de acicalamiento, infecciones y heridas producto de las agresiones continuadas). Bajo estas condiciones de vida los costes energéticos y emocionales derivados de la supervivencia son muy altos y consecuentemente ser dominado resulta claramente aversivo para los estratos sociales más desfavorecidos del grupo. Trasladando estos indicios a la sociedad contemporánea, también se ha sugerido un impacto importante sobre las variables fisiológicas, la calidad de vida y la salud de las personas con bajos ingresos o en riesgo de exclusión social al ser comparadas con las clases socioeconómicas más acomodadas.

Es lógico pensar que, del mismo modo que poseer una habilidad que es valorada positivamente por los demás incrementa la autoestima y vigoriza al individuo para afrontar retos de mayor envergadura, verse expuesto a situaciones de rechazo social afectará emocional y físicamente.

Los glucocorticoides regulan además la presencia de los receptores NMDA (N-metil-D-aspartato) en el cerebro. Receptores celulares pertenecientes a un subgrupo (GluN) de los receptores ionotrópicos, un tipo de receptores de glutamato presente en las sinapsis neuronales, que participa en la regulación del potencial excitatorio postsináptico, teniendo un rol preponderante en la plasticidad neuronal, el aprendizaje y la memoria. Los glucocorticoides promueven cambios epigenéticos que facilitan el cambio del ADN de las neuronas (que está constantemente cambiando), para adaptarse al entorno para formar las memorias (aprendizaje). Es decir, el ADN es reescrito cuando es necesario para adaptarse al entorno de la célula y regular su comportamiento, este hecho es facilitado gracias a los glucocorticoides.

Un modo de inducir esa emoción o estrés moderado en los alumnos para facilitar la secreción de estas hormonas, es mediante actividad física y la exposición a información motivadora sobre los contenidos a aprender.

Bibliografía:
  1. Mora, F. (2013). Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.
  2. Bisquerra, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Síntesis.
  3. Goleman, D. (2013). Focus: desarrollar la atención para alcanzar la excelencia. Barcelona: Kairós.
  4. Somer, E. (1995). Food and mood: The complete guide to eating well and feeling your best. New York: Henry Holt.
  5. Hanson, R. y Mendius, R. (2012). El cerebro de Buda. La neurociencia de la felicidad, el amor y la sabiduría. Santander: Milrazones.
  6. Pellicer Royo, I., López González, L., Mateu Serra, M., Mestres Pastor, L., Meritxell;, M.H., Ruiz Omeñaca, J.V. (2015). NeuroEF. La revolución de la Educación Física desde la Neurociencia. Barcelona. Editorial INDE.
  7. Ratey, J. (2008). Spark: The revolutionary new science of exercise and the brain. New York: Little, Brown & Company.
  8. Sousa, D.A. (2017). Neurociencia educativa. Mente, cerebro y educación. Madrid. Editorial Narcea.
  9. Pedersen L, Idorn M, Olofsson GH, Lauenborg B, Nookaew I, Hansen RH, Johannesen HH, Becker JC, Pedersen KS, Dethlefsen C, Nielsen J, Gehl J, Pedersen BK, Thor Straten P, Hojman P. (2016). Voluntary Running Suppresses Tumor Growth through Epinephrine- and IL-6-Dependent NK Cell Mobilization and Redistribution. Cell Metab. 8;23(3):554-62. doi: 10.1016/j.cmet.2016.01.011.
  10. Hojman P1, Gehl J2, Christensen JF3, Pedersen BK3. (2018). Molecular Mechanisms Linking Exercise to Cancer Prevention and Treatment. Cell Metab. 2018 Jan 9;27(1):10-21. doi: 10.1016/j.cmet.2017.09.015.


Lecturas recomendadas:
Es la dopamina, no la voluntad. Pdf extraído de:

FUENTE:
http://www.lavanguardia.com/vida/20100222/53893835834/investigadores-de-la-uab-encuentran-anomalias-relacionadas-con-la-motivacion-en-ninos-con-trastorno.html

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