jueves, 30 de enero de 2020

Beneficios de la naturaleza para el cerebro


Las actividades en el medio natural y el desarrollo cerebral. Beneficios de la naturaleza para nuestro cerebro.


Por Dr. Daniel Navarro Ardoy

Resumen

Vivir en la ciudad conlleva ciertas ventajas o calidades que no tiene vivir en la naturaleza, lejos de la ciudad. Sin embargo, debemos ser conscientes de los beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre nuestra salud y en concreto sobre nuestro cerebro, para tratar de compensar los perjuicios que sabemos están asociados a las urbes. Por ejemplo, realizar salidas frecuentes al medio natural, práctica de actividad física en entornos naturales o zonas verdes acondicionadas en la ciudad o cuanto menos, tener plantas o cuadros que nos recuerden la naturaleza, ventanas abiertas y luz natural, paseos por parques o caminatas por donde no existan estímulos visuales o ruidos estresantes.

Los estudios confirman el estrés que sufre nuestro cerebro por la cantidad de estímulos con los que tenemos que lidiar a diario viviendo en ciudades (auditivos, visuales y sociales). También sabemos gracias a la neurociencia, la gran cantidad de beneficios que posee para nuestra salud, estar en contacto con la naturaleza, destacando los beneficios a nivel mental y social, aunque también hay estudios que indican una reducción de la presión sanguínea, mejor recuperación postoperatoria, mejor vista, mejor insuficiencia cardíaca y reducción de la obesidad y diabetes, entre otros.

Con los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro, los programas neuroeducativos deben tenerlos en cuenta, no solo en la materia de Educación Física, sino como un elemento común y transversal a todas las asignaturas, como uno de los pilares fundamentales de la Programación Anual del Centro, fomentando, permitiendo y facilitando las salidas del centro al alumnado, acompañados por sus profesores, para realizar actividades complementarias y extraescolares en zonas verdes o entornos naturales próximos (o no) del centro.

Contenidos a tratar:

1. El cerebro “natural”
2. Efecto de las actividades en el medio natural sobre el cerebro
3. Propuestas prácticas para fomentar la práctica de actividad física en el medio natural

1. El cerebro “natural”

Los humanos están cada vez más desconectados de la naturaleza. La mayoría de las personas, en concreto más de la mitad a nivel mundial, y aproximadamente cuatro de cada cinco estadounidenses, viven en áreas urbanas, donde el contacto con la naturaleza suele ser limitado. Los estadounidenses pasan más del 90% de su tiempo en el interior (en edificios y en sus vehículos). El tiempo de pantalla ha alcanzado promedios diarios de 1 h 55 min para niños menores de 8 años y 7 h 38 min para aquellos entre 8 y 18 años. Las visitas al parque, la caza, la pesca, el campamento y el juego al aire libre de los niños han disminuido sustancialmente en las últimas décadas1.

En este contexto, en los últimos años se ha observado un aumento del interés científico por los beneficios del contacto con la naturaleza para la salud y el bienestar humano. Varios estudios y revisiones científicas recientes han resumido y constatado la evidencia científica sobre los beneficios que la naturaleza aporta a nuestra salud física, mental y social, por consiguiente, también neurocognitiva1.

Esto ha hecho que cada vez se observen más parques, zonas verdes y plantas en las grandes urbes, incluso dentro de los propios edificios. Aunque los mejores beneficios se obtienen en un contexto 100% natural, este tipo de ambientes que lo simulan son también altamente beneficios.

En una reciente revisión publicada en 2017 con más de 300 artículos, se resumen en una veintena los beneficios que la naturaleza aporta a la salud, entre los que cabe destacar los relacionados con la cognición, con el desarrollo infantil, con la salud mental y física (tabla 1).


Tabla 1. Resumen de los beneficios del contacto con la naturaleza sobre la salud, basados ​​en la evidencia científica (tabla extraída y traducida de Frumkin et al. 2017)1.


Beneficios de salud
Referencias
Se reduce el estrés
Se mejora el sueño / descanso
Mejoras en salud mental

Se reduce la depresión
Se reduce la ansiedad
Mayor felicidad, bienestar, satisfacción con la vida
Se reduce la agresividad
Reducción de los síntomas del TDAH
Mayor comportamiento prosocial y conexión social
Se reduce la presión sanguínea
Mejor recuperación postoperatoria
Mejores partos
Revisado por Dzhambov et al. 2014
Mejor insuficiencia cardíaca
Mejor desarrollo infantil (cognitivo y motor)
Mejor control del dolor
Reducción de la obesidad
Diabetes reducida
Mejor vista
Función inmune mejorada
Mejoras en la salud general:

 Adultos
 Supervivientes tras un cáncer
 Niños
Se reduce la mortalidad
Asma y o alergias


Existen algunas teorías evolutivas que explican por qué la naturaleza influye de esta manera tan positiva en nuestro cerebro. Son muchos los investigadores que creen que nuestro cerebro se relaja en la naturaleza porque es de dónde venimos. Estamos hechos para vivir en el medio natural, para entender las señales que nos da la naturaleza, no lo que nos dice el ruido del tráfico, los incesantes carteles y mensajes publicitarios, el trasiego de gente entrando y saliendo de una boca de metro o la omnipresente tecnología que nos rodea. En cierta manera, vivimos contra-natura, por lo que nos estresamos más cuando estamos en una ciudad que cuando estamos en contacto con la naturaleza. Cuando salimos al campo, volvemos a reunirnos con lo que somos, y esto nos relaja.

El ser humano, en su esencial connatural, es un ser que vive en el medio natural. Evolutiva, genética y anatómicamente estamos diseñados para vivir e interpretar las señales de la naturaleza: lo que nos dicen las plantas, los ríos y los animales. Estamos diseñados para caminar, correr, estar en movimiento; nuestras neuronas necesitas ejercicio; un cerebro relajado y en forma, será más sano y activo.

Sin embargo, como ya decíamos, la humanidad es cada vez más urbana, aunque sigue dependiendo de la naturaleza para su supervivencia. Las ciudades dependen del ecosistema más allá de los límites de la ciudad, pero también se benefician de los ecosistemas urbanos internos, entre los que podemos identificar los árboles de la calle, jardines y parques, bosques urbanos, tierras cultivadas, humedales, lagos/ríos/mar y corrientes. Un trabajo realizado a finales del siglo pasado, demostró como el ecosistema de las ciudades tiene un impacto sustancial en la calidad de vida de las personas y por tanto, deberían abordarse en la planificación de las construcciones. Los factores ecológicos, por tanto, contribuyen mucho a mejorar nuestra calidad de vida2.

Aunque al hablar de naturaleza solemos pensar en espacios lejanos a las ciudades, también debemos considerar como espacios naturales los parques y espacios abiertos, prados y campos, árboles de la calle y jardines de patios traseros con zonas verdes. El medio natural, cuanto más puro sea mejor, sin embargo en los estudios y análisis publicado en la literatura científica, en ocasiones no se distingue entre los espacios naturales lejos de la civilización y los que se encuentran cerca de las ciudades.

Algunos estudios de la última década del siglo XX, han demostraron por ejemplo, que el simple hecho de disponer ventanas con vistas a la naturaleza en las habitaciones de los hospitales era un factor importante en la recuperación de pacientes, contribuyendo, por ejemplo, a una recuperación más rápida tras una cirugía.

Varios estudios han correlacionado el simple hecho de estar en la naturaleza con una mayor vitalidad percibida y mejor salud mental. Algunos hallazgos de estas investigaciones sugieren que los entornos naturales no solo conducen a la estabilidad psicológica (estado de ánimo tranquilo), sino también ayudan a reducir el estrés. Así, por ejemplo, cuando las personas observan vistas o fotografías de entornos naturales, se normalizan índices fisiológicos como la frecuencia cardíaca o la presión arterial, entre otros1,3,4.

En concreto, en un estudio realizado con resonancia magnética en un total de 28 sujetos sanos a los que se les mostro imágenes de contextos urbanos y contextos en la naturaleza, se observó como existía una mayor activación en diversas áreas del cerebro cuando los sujetos visualizaban imágenes de naturaleza. Los resultados de este estudio sugieren que los contextos naturales, al estar asociados a recuerdos agradables, repercuten positivamente en ciertas zonas del cerebro que favorecen el estado de ánimo, la tranquilidad y evitan el estrés, entre otras3. El sistema nervioso central juega un papel importante en la inducción de emociones a través del entorno. Por lo tanto, el medio ambiente influye directamente en la calidad de vida de las personas y también en las funciones cognitivas de nuestro cerebro1.

Vivir en un ambiente relajado, en la naturaleza, actúa como terapia natural y es un seguro para prevenir la delincuencia juvenil y el fracaso escolar, así como la mayor probabilidad de mejorar el autrocontrol, la atención y los resultados académicos1,5,6. El cerebro agradece estar en contacto con la naturaleza, no digamos vivir en ella.

Por el contrario, vivir lejos de la naturaleza o zonas naturales, acelera el envejecimiento cerebral. Los espacios verdes que hay en las ciudades actúan como una especie de “parche ecológico” sobre los efectos negativos del estrés causado por la ciudad a nuestra salud. Tal es así que una reciente revisión7 afirma que la exposición a espacios naturales (dentro o fuera de las ciudades) reduce los efectos negativos del estrés y el estado de ánimo negativo, favoreciendo las emociones positivas. Además, esta exposición a entornos naturales puede recuperar la pérdida de rendimiento cognitivo asociado al estrés, especialmente el asociado en tareas de atención7. Algunos de los estudios de esta revisión han demostrado, por ejemplo, que los habitantes que viven cerca de espacios verdes tienen menos problemas mentales (ansiedad, depresión…) que los que no. Otro estudio observó que las personas que viven a pocos metros de parques con zonas verdes, tienen menor factor de riesgo (probabilidad) de tener ansiedad, depresión, migrañas, asma o algún tipo de enfermedad cardiovascular7.

Nuestro cerebro prefieren los ambientes de vida cómodos, libres de fatiga fisiológica y ruidos. La naturaleza es una opción altamente saludable y recomendable desde un punto de vista neurocognitivo, por tanto, neuroeducativo. Aumenta la motivación y la atención, reduce la fatiga, el estrés, la ansiedad y es un seguro para la prevención de ciertas enfermedades mentales y cardiovasculares.

2. Efecto de las actividades en el medio natural sobre el cerebro

Ya hemos visto los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro. Si al mero hecho de estar en contacto con ella, le sumamos realizar actividades que sabemos le van bien al cerebro como caminar, ir a coger setas o espárragos, jugar, realizar cualquier tipo de actividad físico-deportiva, senderismo, orientación, BTT, carreras de montaña, escalada, socializarse o realizar mindfulness, los efectos positivos para nuestro cerebro se multiplicarán exponencialmente.
Aún no hay evidencia científica que demuestre si existen o no diferencias significativas en el cerebro (a nivel estructural, molecular y funcional) en personas que practican habitualmente actividad física en el medio natural frente a los que la realizan en espacios cerrados o en la ciudad. Lo que sí sabemos es que caminar por la naturaleza es mejor para nuestro cerebro que hacerlo por el medio urbano. Algunos trabajos realizados con neuroimagen, por ejemplo, han mostrado que las personas que paseaban por la naturaleza presentaban menos flujo sanguíneo en ciertas zonas del cerebro asociadas a la depresión y otros trastornos mentales, como el hecho de repetir pensamientos continuamente o “rumiación” (repetición de pensamientos depresivo-patológica).
Un reciente estudio publicado en la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States)8 ha demostrado como caminar por el medio natural reduce la probabilidad de padecer una depresión, frente a los que caminan por medio urbano. El estudio analizó mediante neuroimagen, los cambios estructurales en el cerebro de una muestra de personas adultas (N = 38, edad aproximada 25 años) tras caminar 90 minutos por medio urbano (N = 19) y 90 minutos por la naturaleza (N = 19). Las características de los grupos fueron controladas, todos ellos sanos, sin diagnóstico de trastorno neurológico o psiquiátrico, habitantes y trabajadores de la misma ciudad y zona geográfica, no consumidores de medicamentos o sustancias psicotrópicas, etc. Tras la caminata los sujetos se sometían al escáner de sus cerebros, observando como los que caminaban por la naturaleza tenían una disminución del flujo sanguíneo (activación) en la corteza prefrontal subgenual, mientras que en las personas que paseaban por la ciudad no se observaban estos cambios8 (figura 1).


Figura 1. Imágenes extraídas de Bratman et al. (2015)8.
Arriba: mapas tomados del satelitales del paseo por la naturaleza (figura A) y del paseo urbano (figura B). Ambas caminatas fueron de 5.3 km.
Abajo: fotografías de muestra tomadas por los participantes durante el paseo por la naturaleza (figuras A y B) y el paseo urbano (figuras C y D).


Los resultados de este estudio mostraron una reducción del flujo sanguíneo en la corteza prefrontal subgenual en el grupo que caminaba por el medio natural, mientras que esta activación no se redujo en los sujetos que caminaban por el medio urbano (figura 2). Esta activación está asociada a la “rumiación depresiva”, es decir, con el hecho de tener pensamientos repetitivos recurrentes, así como con las emociones negativas. Lo que sugiere que salir a pasear por el medio natural podría reducir este síntoma tan característico de la depresión, sin embargo, pasear por el medio urbano no es tan eficiente para esta enfermedad (depresión)8.

Figura 2. Imágenes extraídas de Bratman et al. (2015)8.
Impacto de la experiencia tras caminar por la naturaleza en la “rumiación depresiva” (figura A). Mapa de interacciones significativas (P <0.05), en la corteza prefrontal subgenual (sgPFC) tras caminar por el medio urbano (figura B). Cambio del flujo sanguíneo - perfusión (después del paseo de 90 minutos) de los participantes que caminaron por el entorno natural y en un entorno urbano (figura C). Las barras representan el nivel de significación: * P <0.05, *** P <0.001. 



Otro estudio similar demostró el impacto de la naturaleza sobre el afecto y la cognición. Asignaron al azar a sesenta participantes para realizar, por un lado, una caminata de 50 minutos en un entorno natural. Y por otro lado, otra caminata también de 50 minutos pero en entorno urbano. Antes y después de su paseo, los participantes completaron una serie de evaluaciones psicológicas del funcionamiento afectivo y cognitivo. En comparación con el paseo urbano, el paseo por la naturaleza resultó más beneficioso en aspectos relacionados con la ansiedad, pensamientos repetitivos relacionados con la depresión (rumiación depresiva), pensamientos negativos y la preservación del afecto positivo, así como beneficios cognitivos (aumento del rendimiento de la memoria de trabajo)9.

Las personas que viven en grandes ciudades, acostumbradas a la continua exposición de estímulos (auditivos, visuales, sociales…) en ocasiones, no son conscientes del elevado estrés que todo ello ocasiona a sus cerebros. Incluso cada vez observamos a personas que realizan la actividad física rodeados de todos estos estímulos, lo que no ayuda a relajar sus cerebros.

Gracias a un estudio realizado con neuroimagen (en concreto con resonancia magnética) y publicado en la prestigiosa revista Nature, sabemos que las personas que viven o crecen en la ciudad (por tanto sus actividades cotidianas las realizan lejos de la naturaleza) poseen mayor estrés social,  asociado a un incremento en la actividad de la amígdala (estructura cerebral ligada al procesamiento de las emociones y del estrés) y a la activación del área perigenual del cingulado anterior, que regula el funcionamiento de dicha estructura (amígdala) y es clave para regular el afecto negativo y el estrés10. Este estudio ha sido el primero en establecer una relación consistente entre vivir o crecer en la ciudad con el procesamiento del estrés social.

Sabemos que el estrés crónico provoca cambios en el cerebro: altera los circuitos relacionados con el placer y la recompensa. El estrés lleva asociado, por regla general, alteraciones del sueño, presión arterial alta, hipercolesterolemia, hábitos de alimentación poco saludables, sedentarismo, sobrepeso, obesidad, colon irritable, migrañas, incluso pérdidas de memoria, atención y aprendizaje. También sabemos que el estrés es uno de los factores de riesgo cardiovascular más determinante para padecer este tipo de enfermedades.

Estos cambios cerebrales observados en las personas que viven y desarrollan su vida en las ciudades, hacen que dejemos de disfrutar con las cosas que solíamos hacer y puede ser una de las razones que expliquen por qué las ciudades se han relacionado con trastornos mentales, como la depresión, la ansiedad y el estrés.

Las ventajas que supone vivir en una gran ciudad son evidentes: acceso a servicios, transporte, cultura, cercanía al trabajo o colegio, mayor abanico y posibilidades de realizar actividades físico-deportivas, etc. Sin embargo, también es importante tener claros los beneficios que la naturaleza aporta a nuestra salud y que viviendo en la urbe estamos renunciando. Por ello, debemos ser conscientes de cómo puede influir vivir en la ciudad y qué podemos hacer para contrarrestar los perjuicios asociados a ello. Si no sabemos gestionarlo (por ejemplo con actividad física regular, hábitos de alimentación saludable, salidas frecuentes a la naturaleza, etc.) nuestro cuerpo y nuestro cerebro se verán muy afectados.

Realizar actividades saludables en la naturaleza no solo baja nuestros niveles de estrés, sino que también permite que nuestro cerebro descanse y se recupere del ajetreo diario y del sinfín de estímulos que recibe en las ciudades. Numerosos trabajos ya han demostrado que caminar por el bosque o entornos naturales mejora las funciones ejecutivas (resolución de problemas) y la capacidad atencional1.

Podrían ser los elementos auditivos o los visuales de la naturaleza (los atardeceres, las flores, las mariposas, los riachuelos) los que nos permiten relajarnos de la “irritación nerviosa” que provoca la ciudad.

La naturaleza no solo nos influye cognitivamente sino que también nos hace ser más amables. Investigadores coreanos observaron que cuando la gente observaba fotografías del campo o de la naturaleza se les activaban áreas cerebrales relacionadas con el altruismo y la empatía (el cingulado anterior y la ínsula, centro de conexión entre sistema límbico y el neocórtex, encargado entre otras funciones, de aspectos emocionales como la empatía). Mientras que cuando veían imágenes de la ciudad, se activaba la amígdala, una estructura cerebral que controla el miedo, la ansiedad y que regula el estrés3. Por tanto, la naturaleza no solo nos calma y nos relaja, sino que también nos hace más amables y ser más empáticos.

3. Propuestas prácticas para fomentar la práctica de actividad física en el medio natural

Conocidos los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro, los programas neuroeducativos no solo deben tenerlos en cuenta a la hora de planificar salidas al medio natural como actividades complementarias y extraescolares de cualquier asignatura, incluida por supuesto, la Educación Física, sino que deben considerarlos a la hora de construir las escuelas, organizar las aulas y las sesiones. Por ejemplo, procurar que haya grandes ventanales, luz natural, espacios verdes por el centro (cuanto menos, macetas, árboles o huertos ecológicos que los propios alumnos puedan cultivar, plantar, cuidar y respetar), posibilidad de utilizar los parques y zonas verdes próximos al centro como una instalación anexa al centro y registrada como tal en la Programación General Anual (PGA) del centro.



Aún existe una gran dificultad burocrática para realizar actividades complementarias con los alumnos fuera del centro escolar. En algunos centros educativos, ni siquiera se permite salir con los alumnos al parque contiguo al centro, si no es con una autorización de los padres específica para tal actividad, incluso con la obligación de ir acompañados por varios profesores. Precisamente ahora que se están conformando acuerdos políticos a nivel nacional e internacional es el momento de regular este tipo de actividades, donde lejos de ser un problema organizativo para el centro, son tremendamente beneficiosas para la salud física, social y mental del alumnado. Así, cualquier profesor de un centro educativo podría salir del recinto con sus alumnos y dar un paseo por el parque adjunto (como ya hacía Aristóteles, conocer de estos beneficios), en lugar de permanecer sentados, inmóviles, mirando a una pizarra o una proyección.

Aristóteles fundó su escuela, el Liceo, en el año 335 a.C. Lo que hacía el filósofo era pasear por su jardín, el peripatos mientras iba hablando a sus discípulos. De ahí surge la corriente filosófica de los peripatéticos, que se nutre de la idea de ser ambulante e itinerante.

Nietzsche decía que "Todos los pensamientos verdaderamente grandes se conciben paseando”. El pensador se levantaba a las cinco de la mañana y estaba trabajando hasta mediodía. Después subía a los altos picos que rodeaban el pueblo para pasear por las montañas. Kant, quien vivió toda su vida en el mismo pueblecito alemán, Jonisgberg, paseaba de manera casi metódica todas las tardes. Siempre hacía el mismo recorrido y trataba de evitar encontrarse con gente y si lo hacía, procuraba no hablarles. De vuelta a casa se encerraba en su despacho y se ponía a leer, a pensar o a escribir, era cuando más ideas le surgían.

Cuando paseamos, el organismo entiende que estamos realizando ejercicio físico y por tanto, necesita más oxígeno y flujo sanguíneo, en todas las partes del cuerpo, incluido el cerebro. Si llega más sangre al cerebro, llega más oxígeno y glucosa, por lo que mejora la fluidez mental.

Si hacemos un viaje al norte de Europa, se puede observar cómo las políticas educativas de estos países lo tienen claro desde hace tiempo. Los parques y zonas verdes están repletos de niños con sus maestros y profesores en horario escolar, a pesar de las adversas condiciones climatológicas. Es sorprendente como en España y en otros países con climatología similar, los estudiantes pasan mayoritariamente el tiempo escolar dentro del aula, sentados y con las persianas bajadas para poder ver mejor las imágenes que proyecta el vídeo-proyector. Simultáneamente, cada vez hay más sedentarismo, sobrepeso y obesidad en la población infantil y adolescente, así como peores hábitos de alimentación. Sin duda, una “bomba de relojería” para el cerebro de nuestros escolares quienes además y en ocasiones alentados por sus propios padres (quienes piensan que así es más seguro), pasan su tiempo libre o de ocio, pegados a una pantalla de ordenador, móvil o vídeoconsola.

Con este preocupante panorama, los programas educativos no solo deben promocionar las actividades en el medio natural, sino que deberían incorporarlas como obligatorias y con una frecuente periodicidad, si no semanal, cada quince días, a lo sumo mensual. No como está ahora estipulado por ley, donde el estudiante de Primaria (de 6 a 12 años) y Secundaria (ESO y Bachillerato, de 12 a 18) puede pasar toda su etapa escolar sin hacer ni una sola salida al medio natural, ni siquiera al parque adjunto al centro, dado que no es obligatorio realizar este tipo de actividades. Algunos docentes de Secundaria que no están concienciados, por ejemplo, se acogen al objetivo reconocer el medio natural como un espacio idóneo para la actividad física, y discriminar aquellas prácticas que puedan causarle cualquier tipo de deterioro” para trabajar este contenido en clase y de forma teórica, sin estar obligados por ley a realizar-organizar ninguna actividad en el medio natural. También es cierto, como se ha indicado anteriormente y sin culpar a este docente que no desea organizar una salida, que la administración y las propias familias no ponen facilidades para organizar y posteriormente, desarrollar este tipo de actividades. A toda la burocracia que hay que presentar previamente a la salida, se le suma, las demandas de algunas familias que ante cualquier accidente fortuito durante dicha actividad, ven la posibilidad de conseguir un beneficio tras demandar al centro o al propio docente encargado de dicha actividad. Tampoco están bien vistas este tipo de salidas, por los propios compañeros de claustro, quienes suelen protestar y no ver con buenos ojos que sus alumnos “pierdan” su clase de Lengua o Matemáticas para poder terminar el temario del libro, sin ser conscientes que este tipo de actividades son una inversión a corto y medio plazo para que los cerebros de estos niños estén preparados para asimilar mejor y más rápido sus contenidos curriculares, al día siguiente o a las últimas horas de la jornada escolar, cuando la actividad se organiza durante las primeras horas de la jornada.

Como actividades a realizar en el centro (o fuera), en horario lectivo (o no) y que puedan servirnos de guía para poner en marcha programas neuroeducativos, podemos empezar proponiendo salidas de senderismo sencillas, juegos de pistas o carreras de orientación próximas al centro que no requieran usar demasiado tiempo (incluso se pueden desarrollar en una hora lectiva, en dos o usando una hora lectiva más el recreo). En caso de no tener senderos próximos al centro, basta con salir a caminar o correr un rato por el parque o zonas verdes próximas. Muchos contenidos pueden ser tratados con este tipo de actividades. Además de los específicos de dichas actividades (senderismo y sus señales, orientación con sus aspectos técnicos como lectura de mapas o uso de brújulas), podemos trabajar otros aspectos teóricos vinculados o no a la asignatura de Educación Física. Ponemos aquí el ejemplo de la higiene postural, un contenido que bien podría darse mediante una clase magistral o con ejercicios prácticos dentro del gimnasio o sala escolar de usos múltiples (sala cubierta). Proponemos la realización de una sesión desarrollada mediante una carrera de orientación o juego de pistas en forma de estrella, por parejas. Desde un punto central (pelvis), el alumnado busca balizas (vértebras), orientándose mediante el mapa que llevará cada pareja junto a una hoja de respuestas. Cuando encuentran la baliza (vértebra), leen el problema o reto, consensuan y deciden la respuesta o representan la postura o acción correcta en el punto de control (pelvis, donde estará situado el docente). Cada reto conseguido suma tres puntos, uno si se intenta. La pareja que completa la carrera en primer lugar suma 10 puntos, 5 la segunda y 3 la tercera (figura 3).
Figura 3. Organización de una carrea de orientación para trabajar contenidos teóricos (en este caso, la higiene postural). Título de la sesión: “la orientación vertebral”.

Con este tipo de planteamientos (organización de una carrera de orientación o juegos de pistas con preguntas y respuestas) se pueden trabajar cualquier tipo de contenido, sea o no de la materia de Educación Física. La segunda propuesta que planteamos sería trabajar de forma interdisciplinar la realización de actividades en el medio natural. En Biología y Geología es una muy buena oportunidad para realizar actividades conjuntas con el Departamento de Educación Física para realizar una salida de senderismo y aprovechar para conocer la fauna, flora y geología de la zona, señales naturales para orientarnos como el musgo de los árboles, situación del sol, los puntos cardinales, las estrellas (cuando es de noche), etc.

Otras salidas del centro podrían hacerse conjuntamente con asignaturas como las de Artes plásticas, audiovisuales o dibujo, para tomar fotografías o dibujar paisajes naturales, realizar concurso de fotografía o dibujo de paisajes, donde se invite a los alumnos a caminar por un paraje natural para tomar la mejor instantánea o perspectiva para dibujarla. Con la asignatura de Música para analizar los ruidos de la naturaleza. En Matemáticas se podrían realizar mediciones, mapas a diferentes escalas, cálculos de distancias, áreas, alturas, llevar a la práctica fórmulas trigonométricas para determinar, por ejemplo, la hora del día según la sombra de una piedra, árbol u otro objeto, etc.

Para fomentar la práctica de actividad en el medio natural, se pueden plantear también actividades en familia. Organizar una ruta de senderismo con las familias, un sábado o domingo, donde las familias acompañan a sus hijos. Un ejemplo claro lo podemos ver en el siguiente vídeo resumen donde el maestro josebayonas85, realiza con cerca de 200 participantes una ruta de senderismo con el objetivo de crear hábitos saludables entre los más pequeños (#familysport y #villactiva en Instagram).


Vídeo resumen de una ruta de senderismo con alumnos y familias publicado por josebayonas85 (maestro de Educación Física) en su cuenta de Instagram. https://www.instagram.com/p/BgJX2UiALcc/?taken-by=josebayonas85.


La organización de actividades de varios días como actividades extraescolares, deberían ser también promocionadas e impulsadas por el centro. Semana blanca, semana verde, acampadas, actividades de aventura en el medio natural, etc. Este tipo de actividades tienen un hándicap, cuestan dinero, por lo que no podrían plantearse como obligatorias (al menos en la enseñanza pública, la cual debe ser totalmente gratuita). Para sufragar gastos, los estudiantes pueden organizar ventas de productos o realizar un espectáculo en el salón de actos del centro, teatro o auditorio de la localidad, pidiendo un donativo al público para costear dicha actividad. Con ello, además, estaríamos poniendo un marcho, otro proyecto también de gran riqueza pedagógica, desde el punto de vista neuroeducativo.

Para fomentar las salidas al medio natural en horario no lectivo, se puede plantear la utilización de aplicaciones (Apps) para móviles con GPS para monitorizar los entrenamientos tipo Runtastic, Endomondo, Runkeeper o Strava, entre otras (figura 4), donde les proponemos como actividad o reto a superar, realizar una ruta (caminando o corriendo) por el medio natural solos, con compañeros o con cualquier familiar, de manera que entre toda la clase irán sumando puntos en forma de kilómetros. Si al final consiguen “X” kilómetros entre todos (realizados en el medio natural o zonas verdes), habrán superado el reto.

Figura 4. Apps para monitorizar entrenamientos andando, corriendo o en bici (Runtastic, Endomondo, Runkeeper, Strava, etc.).


Otro ejemplo es el Proyecto #wope (experiencia gamificada llevada a cabo en varios centros de la Región de Murcia y uno de Tenerife)

Con este reto se persigue que el alumno realice actividad física fuera del horario escolar. Si indicamos la consigna siguiente: los kilómetros realizados en el medio natural valen doble, estaremos motivando al alumnado a realizar la actividad en contacto con la naturaleza. URL al video explicativo: https://youtu.be/37fSnEoB--k. Web del reto #wopetour: https://retowope.webnode.es/wopetour/. Web del reto proyecto #wope: https://retowope.webnode.es/.


Las Tecnologías del Aprendizaje y Conocimiento (TAC) y con ellas las nuevas tecnologías pueden y deben ser nuestras aliadas para favorecer el aprendizaje. Lejos de ser nuestras “enemigas” debemos aprender a darles un uso pedagógico, como podría ser con el ejemplo anterior.

Otras actividades que podemos realizar en el centro para promocionar la práctica de actividad física en el medio natural es la invitación al centro educativo de asociaciones, clubes deportivos de montaña y deportes de aventura, clubes de escalada, etc. para realizar charlas y talleres prácticos durante los recreos o en horario lectivo. Se podrían incluso organizar unas jornadas de promoción de actividades en el medio natural y sus beneficios para la salud. Estas jornadas podrías desarrollarse en vísperas del día mundial del medio ambiente (5 de junio), para además, sensibilizar al alumnado sobre la importancia de su cuidado y respeto. Las empresas y asociaciones invitadas podrían realizar sus actividades y talleres durante varios recreos, semanas previas a este señalado día.


Bibliografía:

  1. Frumkin, H., Bratman, G.N., Breslow, S.J., Cochran, B., Kahn, P.H.Jr., Lawler, J.J., Levin, P.S., Tandon, P.S., Varanasi, U., Wolf, K.L., Wood, S.A. (2017). Nature Contact and Human Health: A Research Agenda. Environmental health perspectives, 31,125(7):075001. doi: 10.1289/EHP1663.
  2. Bolund, P., Hunhammar, S. (1999). Ecosystem services in urban areas. Ecological Economics, 29:293-301.
  3. Kim, G.W., Jeong, G.W., Kim, T.H., Baek, H.S., Oh, S.K., Kang, H.K., Lee, S.G., Kim, Y.S., Song, J.K. (2011). Functional Neuroanatomy Associated with Natural and Urban Scenic Views in the Human Brain: 3.0T Functional MR Imaging. Korean Journal of Radiology, 11 (5): 507–513. doi:  10.3348/kjr.2010.11.5.507.
  4. Laumann, K., Gärling, T., Stormark, K.M. (2003). Selective attention and heart rate responses to natural and urban environments. Journal of Environmental Psychology, 23: 125-134.
  5. Kuo, F.E., Sullivan, W.C. (2001). Environment and crime in the inner city: does vegetation reduce crime? Environment and Behavior, 33: 343-367.
  6. Taylor, A.F., Kuo, F.E., Sullivan, W.C. (2002). Views of nature and selfdiscipline: evidence from inner city children. Journal of Environmental Psychology, 22: 49-63.
  7. Berto, R. (2014). The role of nature in coping with psycho-physiological stress: a literature review on restorativeness. Behavioral Sciences (Basel), 21;4(4):394-409. doi: 10.3390/bs4040394.
  8. Bratman GN, Hamilton JP, Hahn KS, Daily GC, Gross JJ. (2015). Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States, 14;112(28):8567-72. doi: 10.1073/pnas.1510459112.
  9. Bratman, G.N., Daily, G.C., Levy, B.J., Gross, J.J. (2015). The benefits of nature experience: Improved affect and cognition. Landscape and Urban Planning, 138, 41-50.
  10. Lederbogen, F., Kirsch, P., Haddad, L., Streit, F., Tost, H., Schuch, P., Wüst, S., Pruessner, J.C., Rietschel, M., Deuschle, M., Meyer-Lindenberg, A. (2011). City living and urban upbringing affect neural social stress processing in humans. Nature, 22; 474(7352):498-501. doi: 10.1038/nature10190.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cerebelo: mucho más que una estructura encargada en el aspecto cualitativo del movimiento

Cerebelo: mucho más que una estructura encargada en el aspecto cualitativo del movimiento Por Dr. Daniel Navarro Ardoy @dnardoy @profith...